Una au pair española cree haber descubierto un secreto monstruoso en la familia para la que trabaja. Su denuncia la convierte en una paria… y la condena a vivir con una duda eterna: ¿huyó de un abuso real o de su propia imaginación?
Una joven española llega a Irlanda para trabajar como au pair. Insegura, excesivamente sensible y con un dominio precario del idioma, se instala en casa de un padre viudo y su hijo de doce años. Desde el primer momento, el mundo que la rodea le resulta ligeramente incomprensible: entiende a medias, rellena silencios, interpreta gestos. Ella misma se define como “tan tonta”, y su mirada —ingenua, ansiosa y a menudo desmesurada— será el único filtro de la historia.
El niño, brillante y carismático, está obsesionado con la música, el baile y la idea de ser famoso. Ensaya coreografías y convierte a la protagonista en su cómplice: le confía secretos, le pide que lo maquille, la hace sentir especial. Para ella, que arrastra un pasado traumático y una sensación constante de fracaso, ese vínculo es una tabla de salvación. Lo que empieza como ternura pronto se mezcla con incomodidad.
La casa funciona bajo reglas rígidas impuestas por el padre, un hombre educado y distante que parece vivir en una calma inquebrantable. La protagonista comienza a detectar señales inquietantes —miradas, silencios tras una puerta cerrada, frases ambiguas— que, amplificadas por la barrera lingüística y por su propia imaginación, adquieren un peso desproporcionado.
Cuando la limpiadora polaca presencia los bailes del niño, reacciona de forma frontal y acusa al padre de no estar ejerciendo su papel como progenitor, de dejarlo demasiado solo y permitir conductas que considera inapropiadas. Le exige que pase más tiempo con él y que deje de tratarlo como si fuera invisible. La protagonista, aterrorizada ante la posibilidad de quedar implicada, miente y asegura que ella no ha visto nada preocupante. Poco después, el padre despide a la limpiadora por entrometerse, reforzando así la sensación de encierro y silencio dentro de la casa.
Aislada y cada vez más absorbida por su propia narrativa, la joven comienza a imaginar que algo oscuro ocurre en la casa. Primero señala al profesor de piano, hasta que irrumpe impulsivamente en una clase y descubre una escena completamente normal, quedando en ridículo. Ese momento, teñido de un humor incómodo y casi absurdo, no disuelve sus sospechas: simplemente las desplaza.
A partir de entonces, todas sus dudas se concentran en el padre. El vínculo entre él y su hijo le parece excesivamente íntimo, resumido en expresiones ambiguas como “noches de hombres”. Durante un breve viaje, el niño duerme con su padre. A su regreso, recibe un teléfono móvil nuevo. Para ella, que ya ha construido mentalmente una teoría, las piezas encajan con una lógica interna impecable.
Intentando recuperar la complicidad perdida con el niño, la protagonista le compra a escondidas accesorios rosas para el móvil: un gesto ingenuo y desesperado que roza lo inapropiado. El padre descubre los regalos y le explica que eligió un teléfono negro y sobrio para evitar que el niño se convierta en blanco de burlas en el colegio. Pero la joven, atrapada en su propia teoría, interpreta esa cautela como una forma de control y encubrimiento.
En un estallido de angustia que mezcla valentía y delirio, enfrenta al padre en la cocina y lo acusa directamente de abuso. La escena, que en su cabeza es heroica, se convierte en un desastre. Él responde con frialdad y una lógica demoledora: la tacha de desequilibrada, la despide y le da tres días para desaparecer sin dejar rastro ni volver a contactar con su hijo. Antes de marcharse, formula una pregunta devastadora: si fuera culpable, ¿por qué habría llevado a una au pair extranjera a vivir con ellos?
Años después, la protagonista vive una existencia gris en la misma ciudad, trabajando en un call center. Evita hablar inglés por teléfono por miedo a que algún día sea el niño quien llame. Aunque oficialmente ha desaparecido de su vida, continúa vigilándolo en redes sociales desde una cuenta falsa. El chico, ya adolescente, publica vídeos bailando y relatando el abandono de su niñera.
La historia no resuelve el enigma. La narradora queda atrapada en una duda irresoluble que también se traslada al espectador: ¿fue la única que vio una monstruosidad real y luego huyó? ¿O fue su mirada herida, su necesidad de sentido y su imaginación desbordada las que fabricaron al monstruo?
Entre el humor incómodo de sus torpezas y la inquietud creciente de sus sospechas, la novela convierte una historia doméstica en un thriller psicológico donde la verdadera amenaza podría no estar en la casa, sino en la mente que la observa.
DATOS RELEVANTES: Carlos Catena Cózar es un poeta, narrador y traductor español, galardonado con el Premio Hiperión de Poesía, el Certamen Ucopoética (2015) y el Premio Málaga Crea de Poesía (2017) por su poesía.
Tan tonta, su segunda novela, ha sido galardonada con el Premio València de Narrativa. La historia es una inquietante propuesta de suspense psicológico que atrapa desde el inicio por su atmósfera perturbadora y su ambigüedad constante.
El gran acierto del relato es su protagonista, no fiable: el espectador comparte su punto de vista y duda con ella, sin saber nunca si lo que percibe es una amenaza real o una interpretación distorsionada. De esa grieta nace tanto la tensión como un humor negro incómodo, que surge cuando las sospechas chocan con la normalidad fría del entorno. Es una historia fácilmente adaptable al audiovisual, ideal para un largometraje inquietante, sugerente y perturbador.
POTENCIAL AUDIOVISUAL: Serie TV, Miniserie, Film, TV Film.
IDIOMAS DISPONIBLES: Español.

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