En noviembre de 2020, Marta Jiménez Serrano estuvo a punto de morir por una intoxicación de monóxido de carbono en el piso que acababa de alquilar con su novio. A partir de ese accidente comienza una reconstrucción obsesiva: una investigación sobre las horas que casi la matan, una denuncia silenciosa sobre la precariedad del alquiler y, sobre todo, un relato de amor que la sostiene mientras intenta entender por qué sigue viva. Una historia de una de las voces más talentosas de la literatura española actual.
El 7 de noviembre de 2020, Marta Jiménez Serrano estuvo a punto de morir. Su novio Juan la encontró tendida en el suelo del baño de su piso, inconsciente y con una herida en la cabeza. Entonces llamó al 112. Lo que parecía un accidente doméstico era en realidad una intoxicación por monóxido de carbono: la caldera llevaba horas envenenándolos mientras ellos, con resaca, achacaban el dolor de cabeza a la noche anterior. Marta tenía un 46 % de monóxido en sangre. Si Juan no hubiera bajado a hacer la compra y los sanitarios del SUMMA no hubieran activado sus detectores al entrar, ninguno de los dos lo habría podido contar.
Ese piso lo habían alquilado Marta y Juan pocos meses antes, con la ilusión de construir por fin un hogar juntos después de años de mudanzas, habitaciones prestadas y con-tratos precarios. Sentados en la terraza de un bar, brinda-ron ilusionados: “Por el piso”. Lo que no sabían es que ese hogar estaba envenenado.
Detrás de las paredes blancas y el suelo de madera había una caldera que no se revisaba desde 2014, que ya entonces daba señales de expulsar monóxido y cuya toma de gas era ilegal. La propietaria, que vivía en California, dejó claro desde el principio que no quería encargarse de nada. Durante la negociación pasaron por alto señales que ahora parecen evidentes: que ella exigiera que pagaran cualquier reparación, que las facturas del gas nunca llegaran porque estaban a nombre de su madre y que el mantenimiento real del piso fuera responsabilidad de quienes solo estaban de paso. La precariedad del alquiler —contratos abusivos, propietarios ausentes, pisos que nadie vigila— se revela aquí como algo más que una incomodidad generacional: puede ser una amenaza real. Y Marta y Juan casi lo pagan con su vida.
Marta sobrevive, y ahí es donde la historia cambia de di-rección. Porque ella no recuerda lo más importante: el momento en que estuvo a punto de morir. El centro de la historia queda fuera de su memoria. Así que empieza a reconstruirlo. Entrevista a Juan como si fuera un testigo. Localiza al enfermero que la atendió en la ambulancia. Lee informes médicos, protocolos del SUMMA, artículos científicos sobre el monóxido de carbono. Intenta recomponer, pieza a pieza, las horas que no vio y las decisiones que hicieron posible que siga viva.
En ese proceso emerge otra historia de amor: la de quienes la sostienen cuando todo ha pasado. Juan la espera en una camilla al lado de la suya en el pasillo del hospital, la abraza en la cama cuando ella no puede dormir por el miedo a desaparecer y la acompaña en el silencio y en la terapia. También están los otros amores: el de su psicólogo José, que la ayuda a entender que su miedo no es una locura sino un mecanismo de supervivencia; el de los amigos que sí es-tuvieron, como Parra, que rescató a su gato Canapé del piso precintado; y el amor hacia sí misma, que reconstruye a través de la escritura.
A través de flashbacks, Marta conecta esta experiencia cercana a la muerte con otros momentos de su vida: los desmayos de su madre cuando ella era niña, el miedo a dormirse, las mantas pesadas y los braseros peligrosos en la casa del pueblo, el “hasta mañana si Dios quiere” con el que su abuela Concha se despedía cada noche. Poco a poco entiende que la conciencia de la fragilidad siempre ha estado ahí.
Mientras reconstruye lo ocurrido, también aparece la rabia: hacia el sistema de alquiler que normaliza viviendas en mal estado, hacia la cadena de pequeñas negligencias que hicieron posible el accidente y hacia una casera que envió un ramo de flores pero se negó a pagar la mudanza cuando tuvieron que abandonar el piso.
Y, sobre todo, aparece el asombro. El milagro —a veces absurdo— de estar viva.
DATOS RELEVANTES: Marta Jiménez Serrano es una escritora, poeta y editora española. Por su trabajo como poeta ha sido galardonada con el accésit del Premio Adonáis de Poesía 2020, uno de los galardones más relevantes para autores jóvenes en lengua española.
Oxígeno es una novela autobiográfica que, a partir de una experiencia cercana a la muerte, reflexiona sobre temas como el amor, las amistades, la familia o la precariedad. Posee un potencial audiovisual extraordinario porque su fuerza no reside en una trama compleja, sino precisamente en la potencia de sus imágenes y en la universalidad de sus temas.
La escena inicial es un arranque cinematográfico de enorme impacto. A partir de ahí, el relato se construye sobre flashbacks y una reflexión profunda sobre la precariedad, la negligencia y el milagro de estar vivo. Una historia íntima, que habla de un problema estructural que atraviesa a toda una generación.
Lo que dice la crítica:
“Un texto emocionante, preciso y literario”. – Alana Portero
“Un libro brillante… Memoria, novela y exploración del trauma. Un bellísimo canto a la vida”. – Barnes & Noble
“Una hermosa historia de amor… equilibrada por un lúcido análisis”. – El Cultural
“Una de las escritoras más talentosas e inteligentes de su generación”. – Laura Barrachina.
POTENCIAL AUDIOVISUAL: Serie TV, Miniserie, Film, TV Film.
IDIOMAS DISPONIBLES: Español.

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