Dos chicos con el corazón roto hacen un pacto: pasar veintiún días fingiendo ser pareja para olvidar a sus ex. Pero el amor empieza a crecer entre ellos, los ex reaparecen y los malentendidos estallan. Y entonces descubren que, para aprender a quererse bien, a veces hay que romper todas las reglas. Incluso las propias.
Rodrigo tiene veintitrés años y acaba de perder lo único que le daba sentido a su vida: su relación de cuatro años con Lucas. Completamente roto, huye de Madrid hacia La Herradura, el pueblo costero donde vive su abuela Gris, con la esperanza de escapar del dolor en lugar de enfrentarlo.
Gris, que lo conoce mejor que nadie, detecta enseguida que su nieto no necesita esconderse, sino volver a vivir. Le insiste en que salga, que conozca gente, que deje de girar en torno a su ruptura. Rodrigo se resiste… hasta que conoce a Harry.
El primer encuentro entre ellos es torpe y cargado de tensión: Rodrigo, con su cámara analógica, fotografía sin querer a Harry en la playa, y este reacciona llamándolo stalker en un spanglish burlón. Lo que podría haber sido un malentendido incómodo se convierte en un juego. Rodrigo intenta volver a encontrarlo, y cuando lo hace, la atracción es inmediata y difícil de ignorar.
Ambos están huyendo de alguien. Harry intenta olvidar a Ava; Rodrigo, a Lucas.
En la noche de San Juan, entre alcohol, mar y confesiones, sellan un pacto: pasar veintiún días juntos fingiendo ser pareja para superar a sus ex. El acuerdo tiene reglas claras: nada de hablar del futuro, nada de expectativas, nada de enamorarse. Solo vivir el presente. Pero experimento pronto deja de ser un juego.
Entre escapadas, confidencias y una intimidad creciente, Rodrigo y Harry cruzan constantemente los límites que ellos mismos habían marcado. Lo que iba a ser un juego se convierte en algo cada vez más real, más intenso y difícil de controlar.
Es entonces cuando aparece Lisa, la hermana gemela de Harry, que introduce la primera gran grieta: le advierte a Rodrigo de que la relación de Harry con Ava es cíclica y adictiva, que siempre vuelve a ella, y que probablemente Rodrigo no sea más que una etapa más en ese patrón. Por primera vez, Rodrigo se plantea si está construyendo algo real o si solo está ocupando un hueco temporal.
Mientras tanto, en paralelo, la historia de la abuela Gris empieza a desplegarse. Rodrigo descubre que, en su juventud, estuvo enamorada de una mujer llamada María, una relación que nunca pudo vivir abiertamente debido al contexto social de la época. A través de cartas, fotografías y recuerdos guardados durante décadas, Rodrigo comprende que su abuela también vivió un amor intenso que tuvo que abandonar. Este espejo generacional empieza a reconfigurar la forma en la que Rodrigo entiende su propio vínculo con Harry.
Decidido a ayudarla, Rodrigo impulsa el reencuentro entre Gris y María. Ese proceso no solo le devuelve a su abuela una parte de su historia, sino que también le muestra a él una nueva forma de entender el amor: no como dependencia o miedo a perder, sino como una elección valiente, incluso cuando implica riesgo.
Con esa nueva perspectiva, Rodrigo encara el final del verano creyendo que lo suyo con Harry puede trascender el acuerdo inicial. Pero entonces todo se complica de nuevo.
Milo, su mejor amigo, llega al pueblo. Entre ellos existe un pasado de atracción y límites difusos, lo que despierta inseguridades en Harry. A esto se suma la aparición inesperada de Lucas, que regresa para cerrar su relación con Rodrigo. Aunque ese cierre es sano, reabre heridas y genera más confusión.
La tensión alcanza su punto máximo cuando Milo manipula la situación: le hace creer a Harry que Rodrigo ha vuelto con Lucas y, aprovechando su vulnerabilidad, lo besa. Rodrigo presencia la escena desde la distancia y, sin conocer la verdad, interpreta que ha sido traicionado por ambos.
Sin enfrentarse a ellos, desaparece. El verano, que parecía una promesa, se rompe.
Dos semanas después, gracias a unas fotografías antiguas de la abuela, Rodrigo entiende algo esencial: reconoce en la forma en la que Harry lo miraba el mismo amor que su abuelo sentía por Gris. Esa revelación no solo lo sacude, lo obliga a dejar de huir.
Busca a Harry.
Dos semanas después, gracias a unas fotos que le muestra la abuela Gris, Rodrigo descubre la verdad: Harry lo miraba como su abuelo miraba a ella, con amor incondicional. Se reencuentran y Harry le explica que fue Milo quien lo besó, que él lo rechazó. Se reconcilian y deciden regalarse otros veintiún días para aprender a quererse bien.
Pero el verano termina con despedidas agridulces. Harry regresa a Chester y Rodrigo a Madrid. Inician una relación a distancia que, al principio, parece sostenerse, pero pronto se ve golpeada por factores externos: la pandemia, la muerte del padre de Harry y el peso de una vida que ya no permite refugiarse en la burbuja del verano. Poco a poco, la comunicación se rompe.
Años después, Rodrigo sigue escribiéndole cartas cada cumpleaños. Cartas que nunca envía. En ellas no busca respuestas claras, sino aferrarse a una pregunta que sigue sin resolverse: si aquel amor fue solo un verano… o una historia que quedó suspendida en el tiempo, sin un verdadero final.
DATOS RELEVANTES: Eloy Cobera un escritor y creador de contenido español cuya obra se inscribe en la narrativa romántica contemporánea y juvenil, con especial atención a la representación LGTBIQ+.
Grupo de apoyo para corazones rotos es su primera novela, una comedia romántica LGTBIQ+ que combina la estructura clásica del género con una premisa de alto voltaje: dos chicos con el corazón roto que se proponen olvidar a sus ex pasando 21 días fingiendo ser pareja. La tensión romántica se convierte en el motor narrativo, complementado con la ligereza del verano, los diálogos atrevidos y dinámicos, la ternura entre unos personajes inolvidables (como la abuela Gris), y el humor, con un poso agridulce que conecta con las heridas reales del desamor.
POTENCIAL AUDIOVISUAL: Serie TV, Miniserie, Film, TV Film.
IDIOMAS DISPONIBLES: Español.

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