Un limpiador precario recibe la oportunidad de su vida: un ascenso ejecutivo a cambio de matar a la madre de su jefe. Empujado por una cuenta bancaria en números rojos, acepta el trato. Pero tras cometer el crimen descubrirá que el sistema no premia la lealtad, sólo exprime a quien esté dispuesto a ensuciarse las manos.
Un limpiador de treinta y cinco años, con hipoteca, mono de trabajo y un sueldo miserable, trabaja en una agencia inmobiliaria que convierte zulos en lofts con encanto. Un día es llamado al despacho del director general. Allí recibe una charla motivacional regada con coñac, humillaciones y frases de autoayuda empresarial. El jefe le deja claro que limpia váteres porque le falta carácter, pero también le insinúa que podría tener futuro en la empresa.
En casa, su esposa repasa facturas como quien lee una autopsia y le recuerda que así no se puede vivir. Cuando él menciona la posibilidad de un ascenso y ella anuncia un embarazo inesperado, la pareja ve por primera vez una salida a su miseria.
Esa salida tiene una condición: el director general quiere que mate a su propia madre. La anciana está enferma y podrida de dinero; él necesita heredar para tapar los agujeros de la inmobiliaria y seguir vendiendo pisos como si nada pasara. A cambio le promete una subdirección, sueldo de directivo y una nueva vida.
Cansada de sobrevivir, la esposa hace números y concluye que el trato compensa. Ellos necesitan dejar de contar céntimos, el jefe necesita liquidez y su madre, al fin y al cabo, ya ha vivido lo suyo. El limpiador acepta y, acompañado por su alter ego —una conciencia que llega tarde y mal—, se cuela en la casa y asfixia a la anciana mientras intenta pensar en la habitación de su bebé.
El ascenso llega rápido. Traje nuevo, visitas a pisos enormes y planes para el futuro. Ambos juegan a ser clase media alta: buscan casa, hablan de colegios y empiezan a comportarse como si por fin pertenecieran al mundo al que siempre han estado limpiando.
Hasta que el director general revela su verdadero plan: la empresa está arruinada, ha habido desfalco y va a cerrar. Él se quedará con todo el dinero disponible y huirá del país antes del lunes, aprovechando el fin de semana para que empleados y proveedores no puedan reaccionar a tiempo.
El protagonista, que acaba de matar por la empresa, descubre que también va a quedarse en la calle. Intenta negociar, hablar de su futuro hijo y de la hipoteca, pero su jefe solo piensa en aeropuertos y cuentas offshore.
Desesperado, en el piso que acaba de comprar con su mujer —aún casi vacío— cuelga una soga de la viga del salón y se deja caer. Empieza a asfixiarse y patalea buscando la silla que ha quedado a un lado. En ese momento entra el agente inmobiliario, que tiene copia de las llaves y suele refugiarse allí cuando su mujer lo echa de casa. Sin dramatismo alguno, le acerca la silla con el pie. El protagonista logra apoyarse, se quita la soga del cuello y le resta importancia al intento de suicidio. La escena deriva en una conversación absurda sobre seguros de vida, comisiones y la conveniencia —o no— de suicidarse en un inmueble recién comprado.
La obra termina sin redención ni justicia poética. El protagonista no muere, pero tampoco se rebela: acepta su derrota y asume el mismo lenguaje que lo ha destruido. Una comedia negra feroz sobre la precariedad, la ambición y un sistema que convierte a la gente corriente en mercancía.
DATOS RELEVANTES: Francisco Nortes es un actor, dramaturgo y creador escénico español cuya carrera abarca teatro, cine y televisión.
Nortes se dio a conocer al gran público por sus papeles en series de televisión y en el teatro. Su trabajo ha sido reconocido con el Premio Berlanga al Mejor Actor y con una nominación a los Premios de la Unión de Actores en la categoría de Mejor Actor Revelación. En paralelo a su labor como intérprete, Nortes ha desarrollado una trayectoria como dramaturgo.
En 2014 estrenó con éxito su primera obra teatral, La extinción de los dinosaurios, una comedia negra que mezcla humor y crítica social a partir de situaciones cotidianas llevadas al extremo. La historia avanza con diálogos rápidos y personajes claros que funcionan muy bien como motor dramático y cómico. Su estructura por escenas, su ritmo ágil y su tono ácido hacen que sea fácil imaginarla como película o miniserie. Tiene un gran potencial audiovisual como comedia satírica.
Lo que dice la crítica:
“El texto demuestra que la comedia negra puede ser tan reveladora como el drama. Exagerada, mordaz y tierna a la vez, esta pieza se ríe del colapso —personal o colectivo— con una inteligencia poco común”. Paula Gómez, Revista Red carpet.
“Una propuesta teatral incisiva y envolvente que combina comedia negra, tensión dramática y actuaciones sólidas, dejando al espectador sorprendido y reflexionando sobre los dilemas éticos de la existencia”. Alberto Sanz, Más Escena.
“Un juego de la cucaña tan inmoral y tan sincero que solo, tan solo, puede ser tan verdad como lo es el puro teatro, el teatro puro”. Luis De Luis Otero, Prensa Social.
“Lo bueno de esta obra es que te hace reflexionar, pero haciéndote disfrutar y reír con un guion maravilloso.” Alejandra Marín. Teatro Madrid.
“Fran Nortes, con su maestría narrativa, invita a la reflexión y al diálogo sobre la complejidad de la condición humana”. Clara Ortega, El País.
POTENCIAL AUDIOVISUAL: Serie TV, Miniserie, Film, TV Film.
IDIOMAS DISPONIBLES: Español.

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