Tito espera en una habitación de hospital el juicio que decidirá su futuro. Todo comenzó con unas vacaciones junto a su novia Valeria, cada vez más distante, que terminaron en una espiral de celos, alcohol y conflictos al borde de la tragedia. Mientras reconstruye lo ocurrido, Tito tendrá que enfrentarse a la verdad sobre las vacaciones y, sobre todo, sobre una relación que quizá llevaba tiempo rota.
Tito, arquitecto de treinta y cinco años, despierta en el hospital de una isla volcánica con las manos vendadas y a la espera de un juicio. Desde la cama sigue la vista por videoconferencia mientras su abogado, Eleuterio Lopo, antiguo jefe, fumador empedernido, cínico, bocazas y especialista en convertir cualquier desastre en una teoría jurídica imposible, intenta salvarlo de una condena que parece inevitable.
A medida que avanzan las declaraciones, Tito revive las vacaciones que lo llevaron hasta allí. Todo comenzó unos días antes, cuando viajó a la isla con Valeria, su pareja desde hace casi doce años; Pelayo, su mejor amigo desde la infancia; Pilar y su hijo Lucas; y Anna Paola, una amiga italiana de Valeria que atraviesa otra de sus habituales crisis sentimentales. Lo que debía ser una semana de descanso pronto se convierte en una convivencia tan divertida como incómoda.
Desde el primer día, Tito percibe que algo ha cambiado. Valeria está distante, evita quedarse a solas con él y parece cada vez más cómoda con la compañía de los demás. Mientras intenta recuperar una complicidad que se le escapa de las manos, las vacaciones empiezan a llenarse de pequeños desastres cotidianos: excursiones absurdas, cenas tensas, accidentes ridículos, silencios incómodos y discusiones que empiezan como bromas y terminan tocando heridas muy profundas.
La convivencia tampoco ayuda. Anna Paola convierte cualquier conversación en un monólogo imprevisible sobre el amor, los hombres, Italia o España. Pelayo intenta ejercer de mediador universal mientras soporta con paciencia las burlas constantes de Tito. Pilar observa con creciente incomodidad el deterioro de la relación de la pareja. Incluso Lucas, con su curiosidad inagotable y sus preguntas ingenuas, termina sacando a la luz verdades que los adultos preferirían evitar.
Poco a poco, Tito comienza a sentirse desplazado dentro de un grupo que parece funcionar perfectamente sin él. Esa sensación se agrava cuando aparece Domenico, antiguo socio de Valeria, amigo de ambos desde hace años y vieja fuente de inseguridades para Tito. Carismático, exitoso y admirado por todos, Domenico representa exactamente todo aquello que Tito siente haber perdido con el paso del tiempo: prestigio profesional, confianza en sí mismo y un lugar privilegiado en la vida de Valeria.
A partir de ese momento, los conflictos se encadenan. Tito discute con Anna Paola, ridiculiza a Pelayo, interpreta cada gesto como una afrenta y se obsesiona con una única idea: hablar con Valeria y arreglar una relación que lleva demasiado tiempo resquebrajándose. Pero cuanto más desesperadamente intenta recuperar el pasado, más evidente resulta que ese pasado ya no existe.
Todo desemboca en una fiesta organizada por Domenico. Lo que para los demás es una celebración acaba convirtiéndose para Tito en una pesadilla. Bebe demasiado, se enfrenta a varios amigos, pierde de vista a Valeria y termina siguiendo al grupo hasta un volcán cercano, convencido de que todavía está a tiempo de salvar algo.
La conversación que lleva días buscando nunca llega.
En medio de una discusión y un forcejeo, Tito lanza un mechero que golpea a Anna Paola en la frente. Aturdida y sangrando, ella se tambalea peligrosamente junto al borde del cráter y está a punto de precipitarse al vacío. Valeria consigue sujetarla en el último instante.
Desde la cama del hospital, el juicio empieza entonces a parecerse menos a una investigación y más a un ajuste de cuentas. Declaración tras declaración, recuerdo tras recuerdo, el proceso va desmontando la imagen que Tito tiene de sí mismo y revela a un hombre brillante, imaginativo y divertido, pero también incapaz de aceptar el fracaso, el paso del tiempo y el deterioro de la relación más importante de su vida.
Sin embargo, cuando el juicio alcanza su clímax, Tito despierta. El tribunal, los interrogatorios, el fiscal, la defensa delirante de Lopo y todo el proceso judicial nunca existieron. El juicio era una pesadilla nacida de la culpa, el miedo y el golpe recibido en la cabeza. El accidente del volcán sí ocurrió. La herida de Anna Paola también. Lo que no existía era la posibilidad de defenderse de lo verdaderamente importante.
La auténtica sentencia llega entonces en la habitación del hospital. Valeria entra para despedirse y le comunica que la relación ha terminado y que regresará sin él. Por primera vez, Tito comprende que el conflicto nunca fueron Domenico, Anna Paola, sus amigos ni siquiera lo ocurrido en el volcán. El verdadero problema era su incapacidad para aceptar que la historia que llevaba años intentando salvar ya había acabado.
DATOS RELEVANTES: Formado en Comunicación Audiovisual, Bellas Artes y Gráfica Publicitaria, Pablo Dávila lleva más de 15 años dedicado a la creatividad y a la comunicación al servicio del cine. Ha trabajado en decenas de largometrajes y series de televisión.
Verano perdido es su segunda novela, una obra cargada de humor negro que combina situaciones cómicas con una mirada bastante lúcida sobre el fracaso y las relaciones. Destaca especialmente el juego entre realidad, imaginación y percepción, así como una voz narrativa con personalidad y capacidad para generar situaciones desconcertantes sin perder el ritmo.
Su potencial audiovisual es alto: el carácter visual de los escenarios, el humor, los diálogos y el componente de misterio permitirían una adaptación cinematográfica o televisiva dinámica, con espacio para explotar tanto la comedia como el lado más extraño y psicológico de la historia.
POTENCIAL AUDIOVISUAL: Serie TV, Miniserie, Film, TV Film.
IDIOMAS DISPONIBLES: Español.

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