En una gran empresa donde todo se mide y nada importa, Jaime Rubio, un empleado casi ejemplar, pasa casi un año sin lograr terminar un informe interno mientras intenta huir a otro trabajo a través de un proceso de selección delirante; una comedia de oficina kafkiana y muy ácida, una especie de The Office español donde la hiperproductividad, la burocracia y el absurdo corporativo se confunden hasta volverse indistinguibles.
Jaime Rubio es un trabajador casi ejemplar. Llega unos minutos tarde, responde a algunos correos, asiste a reuniones y cumple lo justo para que nadie pueda acusarlo de nada concreto. No destaca, pero tampoco falla. Como la mayoría de sus compañeros, vive instalado en una rutina laboral marcada por el cansancio, la apatía y una vaga sensación de hastío. Desde hace casi un año tiene pendiente una única tarea: redactar el informe Penkse, un documento interno sin especial dificultad ni trascendencia que, sin embargo, se ha convertido en un problema gigantesco. Jaime lo empieza muchas veces y lo abandona siempre. No avanza no por incapacidad, sino por una mezcla de desgana, bloqueo y falta absoluta de motivación.
La novela está escrita como si fuera un informe corporativo elaborado por una entidad anónima que analiza a Jaime con una seriedad tan excesiva como ridícula. Todo es medido, registrado y cuantificado: cuántas veces pospone la alarma, cuántas horas duerme, cuánto tarda en ir al trabajo, cuántos cafés toma, cuánto tiempo pierde en redes sociales o leyendo noticias que no le interesan. Esta mirada fría, técnica y burocrática genera un efecto cómico inmediato, porque aplica la lógica de la hiperproductividad y el control absoluto a una vida laboral en la que casi nada importa realmente. El resultado es una comedia kafkiana y muy ácida sobre el mundo de la oficina, en la que la obsesión por medirlo todo convive con la más absoluta falta de sentido.
El entorno laboral de Jaime es una sucesión de reuniones interminables que no sirven para nada, jefes que casi nunca están porque siempre están “reunidos”, tareas que se eternizan y decisiones empresariales disparatadas. La empresa, por ejemplo, llega a plantearse cerrar la cafetería del edificio —el único servicio que da beneficios— por miedo a que deje en mal lugar al resto de departamentos, para acabar convirtiéndola en una filial deficitaria mediante un alquiler interno absurdo. Todo funciona según una lógica corporativa impecable y, al mismo tiempo, completamente inútil.
Cansado de su situación y convencido de que un cambio de trabajo solucionará sus problemas, Jaime se presenta a un proceso de selección en otra empresa del mismo sector. El proceso, basado en el llamado método Altucher, es tan largo como delirante y parece diseñado para desgastar a los candidatos más que para evaluarlos. Jaime pasa por entrevistas repetitivas, acertijos sin sentido, preguntas vacías y pruebas cada vez más arbitrarias. En una de ellas es entrevistado junto a un gato real, cuya función es evaluar su carácter. En otra participa en una prueba de grupo que degenera en gritos, insultos y violencia física, con candidatos heridos y sangre en el suelo. Jaime llega tarde, no lidera, no discute y no destaca, y precisamente por eso supera las pruebas: su perfil bajo y su docilidad encajan perfectamente con lo que la empresa busca.
Mientras avanza en el proceso de selección, el informe Penkse sigue sin escribirse. Incluso cuando recibe respuestas de otros departamentos que había utilizado como excusa para retrasarlo, Jaime continúa posponiéndolo. La parálisis no se limita al trabajo: tampoco logra responder con normalidad a los correos personales ni tomar decisiones sencillas fuera de la oficina. Todo queda siempre para más adelante.
Finalmente, tras la última entrevista, le confirman que el puesto es suyo. Jaime siente un alivio inmediato y cree que, por fin, podrá dejar atrás el informe Penkse. Planea dar el preaviso, marcharse cuanto antes y empezar de cero. Pero entonces llega el giro final: la nueva empresa ha absorbido a la antigua. El supuesto cambio de trabajo es exactamente el mismo empleo, en el mismo edificio, con los mismos compañeros y las mismas dinámicas absurdas. La única diferencia es que Jaime, al haberse marchado y vuelto a entrar, pierde antigüedad y derechos laborales.
El informe Penkse sigue pendiente. No hay redención ni aprendizaje. La novela concluye como una comedia de oficina tan cruel como reconocible, en la que el problema no es una empresa concreta ni una tarea específica, sino un sistema entero basado en la repetición, la burocracia y la ilusión de productividad. Jaime no escapa del informe ni del trabajo, y el informe, como su vida laboral, queda condenado a no terminarse nunca.
DATOS RELEVANTES:
Jaime Rubio es el álter ego del autor, Rubio Hancock, que es escritor de tres novelas y un ensayo de humor absurdo y tono filosófico sobre la sociedad actual. Además, es también colaborador de El País, donde escribe artículos humorísticos.
La novela bebe del humor de autores y cómicos como Miguel Gila y Eduardo Mendoza para contar que, como dice el propio autor, la pereza indica que no estás a gusto en tu trabajo.
Lo que los lectores dicen:
“El humor de Jaime Rubio es tan descarado que no puedes dejar de sonreír.”- Goodreads
“Funciona también como crítica certera porque, en fin, no todo lo que cuenta está tan lejos de lo que pasa o podría pasar en muchos trabajos.” – Goodreads
“Tintes kafkianos, puro estilo Mundo Today y un humor ácido cargado de crítica hacia el absurdo del corporativismo y sus ridículas dinámicas y servidumbres.” – Goodreads
“Camera Café, otras comedias de oficina varias y Hal 9000 se dan cita en una novela fresca, divertida y ligera.” – Goodreads
POTENCIAL AUDIOVISUAL: Serie TV, Miniserie, Film, TV Film.
IDIOMAS DISPONIBLES: Español.

Adquirir los derechos
Para ponerte en contacto con nosotros completa el siguiente formulario y te responderemos en breve.
Error: No s'ha trobat el formulari de contacte.
