Tras la muerte de su madre, un hombre hereda la obsesión que consumió a su padre durante décadas: resolver una serie de asesinatos que aterrorizó una comarca rural. Mientras intenta cumplir una vieja promesa familiar, descubre que el monstruo podría haber estado mucho más cerca de lo que nadie imagina.
Pocos días antes de morir, una mujer intenta transmitir a su hijo un mensaje que él no alcanza a comprender. Le escribe la palabra AMÉN en la palma de la mano y, cuando aparece Max, el primo al que siempre ha admirado y considerado el referente moral de la familia, se cubre el rostro con un gesto de terror. Tras el funeral, el recuerdo de aquella escena empieza a obsesionarlo. Lo que parecía una despedida confusa acaba transformándose en una sospecha inquietante: la posibilidad de que su madre hubiera intentado advertirle sobre Max.
Impulsado por esa intuición, comienza a reconstruir una historia familiar marcada por los silencios y las obsesiones. La figura central de esa búsqueda es su padre, un hombre bueno, inseguro y extraordinariamente torpe para expresar lo que pensaba, pero también alguien que dedicó buena parte de su vida a un misterio que nunca consiguió resolver. Durante décadas visitó a Florita Gironi, la madre de Marcos, uno de los niños asesinados por el legendario Monstruo de los Olivos, un asesino que durante más de medio siglo sembró el terror en las comarcas rurales de la región. Sus víctimas aparecían colgadas boca abajo de los olivos, estranguladas y mutiladas, sin que la policía lograra identificar jamás al culpable.
La muerte de Marcos marcó profundamente tanto a Florita como al padre del narrador. Convencido de que algún día descubriría la verdad, el padre le hizo una promesa que acabaría guiando toda su existencia: encontrar al asesino, conseguir que pidiera perdón y recuperar un pequeño objeto que el niño llevaba consigo cuando desapareció. Florita nunca reveló de qué objeto se trataba. Solo ella, su hijo y el asesino conocían ese secreto.
Conforme avanza la investigación, el narrador descubre que su padre murió cuando creía estar muy cerca de cumplir aquella promesa. Poco antes de fallecer en un supuesto accidente mientras recogía setas, había hablado de un misterioso hallazgo relacionado con un agujero y con la tierra roja que rodea las pinturas rupestres de la zona. También había pronunciado, durante una cena de fin de año organizada por Max, un discurso extraño y aparentemente incoherente que todos tomaron por el fracaso de un hombre nervioso. Sin embargo, al releerlo años después, su hijo encuentra referencias insistentes a una bodega oculta, a secretos enterrados bajo la tierra y a figuras rojas asociadas al dolor y a la muerte. Lo que parecía un disparate empieza a parecer una acusación.
La investigación lo conduce una y otra vez hacia Max. Carismático, inteligente y admirado por todos, el patriarca de la familia parece encarnar la respetabilidad absoluta. Sin embargo, cuanto más profundiza el narrador en el pasado, más convencido está de que su padre llevaba años sospechando de él. Las conversaciones recuperadas, los recuerdos de infancia, el extraño comportamiento de Max y las alusiones contenidas en el discurso paterno terminan dibujando una posibilidad aterradora: que el hombre más admirado de su familia sea también el responsable de los crímenes que han marcado varias generaciones.
La novela nunca ofrece una prueba definitiva ni revela de manera explícita toda la verdad. En lugar de certezas, acumula indicios: una finca levantada junto a unas antiguas pinturas rupestres, una bodega que parece esconder más de lo que muestra, un secreto protegido durante décadas y la sospecha de que el padre fue silenciado cuando estuvo a punto de descubrirlo. Poco a poco, el narrador llega a la convicción de que Max es el Monstruo de los Olivos y de que detrás de los asesinatos existe una lógica oscura que nunca llegará a comprender por completo.
Todo culmina durante la tradicional cena de fin de año organizada por Max. Delante de familiares, vecinos y amigos, el narrador toma la palabra y reconstruye la historia de su padre, reivindicando a aquel hombre ridiculizado durante años por su torpeza y su incapacidad para hacerse entender. Después centra la atención en Florita y exige a Max un único gesto: que devuelva el objeto que perteneció a Marcos.
Entonces ocurre lo inesperado. Sin discutir ni negar nada, Max mete la mano en el bolsillo y saca una pequeña cajita de música. Se la entrega a Florita y le pide perdón. Para la anciana, que llevaba casi medio siglo esperando una respuesta, ese objeto es la última huella material de su hijo. Para el narrador, el gesto equivale a una confesión. No hay una admisión explícita de los asesinatos, pero sí una prueba imposible de explicar de otra manera.
En ese momento comprende que ha conseguido aquello que su padre persiguió durante toda una vida. Ha logrado que Florita reciba una reparación imposible y que el hombre al que considera responsable de los crímenes pronuncie por fin una petición de perdón. Sin embargo, no busca venganza ni acude a la policía. Como su padre, es incapaz de aferrarse al odio. La novela sugiere incluso que Max pudo haber provocado la muerte del padre para proteger su secreto, pero el narrador renuncia a perseguir una justicia que ya no puede demostrar.
Al final, Las noches búlgaras de la mujer torcida se revela menos como una novela policíaca que como una historia sobre la memoria, la pérdida y el peso de los secretos familiares. El monstruo puede seguir libre y la verdad completa puede permanecer enterrada bajo la tierra roja de los olivos, pero el hijo logra comprender el mensaje que su madre intentó dejarle antes de morir, rescata la memoria de su padre y cumple una promesa que llevaba décadas esperando hacerse realidad.
DATOS RELEVANTES: Vital Citores es un escritor, docente y pintor español. Su obra se caracteriza por una escritura de marcada intensidad literaria, a trazos experimental, en la que conviven la reflexión existencial, la memoria y la exploración de los conflictos íntimos de sus personajes.
Su trayectoria literaria comenzó en la década de los noventa, cuando fue finalista del Premio Nuevos Narradores (1996) y del Premio Primavera (1999).
Las noches búlgaras de la mujer torcida es una novela de terror psicológico y misterio que destaca por su atmósfera opresiva y su dimensión profundamente psicológica. Su potencial audiovisual reside en una trama que combina la reconstrucción detectivesca con la exploración psicológica del narrador, el escenario rural y la ambigüedad y complejidad de sus personajes. La novela ganó en 2024 el premio de narrativa en castellano Vicente Blasco Ibáñez.
LO QUE DICEN LOS LECTORES
“Las noches búlgaras de la mujer torcida es una historia de terror [que] te deja la cabeza loca. Me ha parecido una historia redonda, aunque tenga un final abierto. Os aseguro que yo aún le estoy dando vueltas”. María Doménech, Perdamos la perspectiva
“Adictivo, real y agrio, la historia de un contradictorio protagonista en el pueblo que le vio crecer y que hoy le atormenta. Fascinante”. Usuario de Goodreads
POTENCIAL AUDIOVISUAL: Serie TV, Miniserie, Film, TV Film.
IDIOMAS DISPONIBLES: Español

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